jueves, 1 de marzo de 2012

Visión espiritual del Tao


  Taoísmo y Sabiduría Hiperbórea. Nexo espiritual.

“A quien es capaz de ir contigo.
Dale y condúcele hasta el maravilloso Tao.
A quien no es capaz de ir contigo y conocer el Tao,
Cuida de no darle; así no cometerás error”.

Chuang-Tsé,

El desconocimiento que Occidente posee en lo que respecta al Tao, se debe a cuatro aspectos:
1) El desconocimiento de China como civilización hasta bien entrada la Edad Media entre los que se cuentan la “visita” de Marco Polo en el siglo XIII.
2) El escaso conocimiento científico, específicamente en lo que concierne a la geografía y a su descripción: la cartografía.
3) La brutalidad espiritual en la cual el judeocristianismo sumió a Occidente estos últimos 2000 años; sin dudas la más grave, gravedad esta que se prolonga hasta hoy.
4) Sin dudas la más importante. El desconocimiento que alude a un conflicto que excede con creses el marco de lo humano y lo racional, por ser este conflicto una lucha de dioses que lleva millones de años en este y otros mundos.

Dada la importancia y profundidad metafísica del tercer y cuarto aspecto obviaremos los primeros dos por ser estos de fácil comprensión y “rastreo” a través de la historia. ¿Y qué tiene que ver esto con el Tao? El Tao no es una religión en el sentido que Occidente lo entiende; muy por el contrario, es una concepción del mundo espiritual que da repuesta en el lenguaje habitual del idioma ideográfico chino a la pregunta fundamental ¿Qué es el hombre? Esta indagación nos lleva a otra: ¿Cuál es su origen? Estas preguntas que él filósofo Occidental las encuadraría en lo que él entiende por existencialismo, el taoísta “la sitúa” en lo que llama “ preceleste”; digo en singular, la sitúa, puesto que para el taoísta lo preceleste se sitúa más allá de la dualidad del mundo fenoménico (Yin-Yan); esto es en el origen del espíritu, que es lo mismo que decir en el Tao.
Es menester comprender estos conceptos, no tanto desde la semántica como desde lo paradójico-simbólico, para evaluar con precisión la ciclópea lucha física y espiritual en el marco de la guerra esencial de la raza amarilla, fundamentalmente mongola y China que han emprendido desde el hundimiento de la civilización atlante, una lucha en contra de las fuerzas de la materia; que es lo mismo que decir las fuerzas del mal.
En esta guerra que lleva millones de años en este mundo y en otros, que paradójicamente es el mismo mundo, han desaparecido muchas civilizaciones de las cuales las ciencias, especialmente la arqueología moderna no tiene la menor idea, a excepción de la desaparecida Atlántida, que ciertos centros académicos aceptan con reservas, negando de plano que la desaparición haya sido causada por una guerra.

 Esta guerra emprendida por los espíritus cautivos en la materia en aras de su liberación, es narrada de modo magistral en la obra titulada: “EL MISTERIO DE BELICENA VILCA”; y la causa de dicha guerra detallada en la obra: “FUNDAMENTOS DE LA SABIDURÍA HIPERBÓREA”, ambas del escritor pontífice Nimrod de Rosario, En estas dos obras se describen las dos fuerzas en pugna; las del espíritu que luchan por su liberación, y las del alma que luchan por su salvación; estas dos fuerzas, lo sepan o no, la componen todos los hombres y mujeres de la tierra. Estas fuerzas por cierto irreconciliables entre sí, poseen un fundamento del cual depende el triunfo de sus estrategias la cual (asegura Nimrod) comienza y termina en el marco de la cultura (estructura arquetípica).

A posteriori del hundimiento de la Atlántida a causa del enfrentamiento entre estas dos fuerzas, los guías leales al espíritu legaron a la raza amarilla (que aún no se encontraba asentada en Asia) una sabiduría a la cual llamaron Tao y que en Occidente se la conoció y se la conoce con el nombre de Sabiduría Hiperbórea. Estas dos razas junto a la blanca (Cromañón) las únicas leales al espíritu, fueron las agraciadas con dicha sabiduría, puesto que la otra raza leal; la roja, a poco de terminada la batalla de la Atlántida y su posterior migración a lo que hoy llamamos Europa, traicionó a las fuerzas leales al espíritu al pactar con el enemigo.

No es difícil “rastrear” la Sabiduría Hiperbórea a través de la historia, máxime si el que busca la verdad tiene conocimiento más o menos profundo de esta gnosis Espiritual.
Muchos han sido los filósofos y estadistas que a través de la historia han poseído con mayor o menor grado de comprensión (esto es, iniciación)  conocimiento de dicha sabiduría. Por ejemplo: Platón, Plotino, Jámbico, Dante Alighieri, Rodolfo II  Habsburgo, John Di, Paracelso, y más cerca de nosotros el maestro Gurjdief para nombrar los más conocidos. 
 Platón


 Gurdjieff

Existe un profundo desconocimiento sobre las obras de estos eximios hombres del pensamiento occidental, no pudiendo ser de otra manera, puesto que existe una conspiración en la interpretación de sus pensamientos a nivel académico, ya sean estos hechos ex profeso, o producto de las preeminencias culturales de aquellos estudiosos que obran de buena Fe. 
No pasa lo mismo con China y el Tao. Por los cuatro aspectos arriba citados, sus filósofos son prácticamente desconocidos y más aún su filosofía (1), a excepción de Confucio y Mencio, por poseer éstos un pensamiento encuadrado más en lo moral-social y por lo tanto comprensible para la estructura mental y racional de Occidente.
 Confucio

Uno de los errores gnoseológicos (¿ex profeso?) que comete la mente occidental contaminada de preeminencias culturales y dogmas religiosos, es porque palabra traduce Tao ¿y qué palabra emplea para dicha traducción? La palabra es: Dios. Esto es tan así, que en el siglo XVI los jesuitas al traducir el Tao-Te-King al latín tradujeron Tao por Dios, siendo esta la razón (y otras) por la cual la dinastía Ming le cerró las puertas a occidente; pero esa es otra historia.
Esto no podía ser de otra manera puesto que en el primer capítulo del Tao-Te-King, “evangelio” de los taoístas se lee: “El Tao que puede ser nombrado no es el verdadero Tao”. “El nombre que se le puede dar no es su verdadero nombre”. Por poco que se medite una mente sacralizante y racional no podría traducir la palabra Tao por otra que no sea Dios, obviando por su puesto, que en la religión judía Dios tiene un nombre cabalístico de profundo significado teológico y metafísico, valor este dado por todas las religiones monoteístas por ejemplo Cristianismo, Judaísmo, Islamismo Brahmanismo Etc. Desde esta perspectiva se hace evidente la manifiesta imposibilidad que posee la mente occidental para comprender la profundidad metafísica y transcendente del Tao (En honor a la verdad el Tao no se comprende con la mente). Esto es así porque el Tao está “situado” más allá de la dualidad  Yin-Yang,  siendo para el sujeto racional imposible su aprensión.
Lao-Tsé en su libro Tao-Te-King al cual se lo podría traducir como: “El sendero de la línea recta” describe de modo elíptico que es el Tao, al afirmar que: “El Tao que puede ser nombrado o del cual se puede hablar no es el verdadero Tao”, no está diciendo otra cosa que ese camino o sendero no es temporal-espacial, no es exterior; muy por el contrario Lao-Tsé alude a un “camino” interior a una distancia estratégica entre el sujeto consciente (dualidad) y un “lugar” o “topos” allende al mismo, que la sabiduría legada por los guías superiores le dieron el nombre de Tao, que en occidente, en la actualidad se la conoce con el nombre de Selbst. Estas dos palabras: Tao y Selbst son una sinonimia espiritual, puesto que las dos aluden a un punto inextenso desde el cual se puede vislumbrar y regresar al origen, origen el cual hemos olvidado por estar preso del deseo y la ilusión; por haber comido del árbol equivocado, del árbol de la vida; tendremos que cambiar de dieta, tendremos que alimentarnos del manzano del bien y del mal, los chinos y mongoles dirían del Tao, y en occidente, de la Sabiduría Primordial.

 Monumento a Lao-Tsé, Quanzhou, en China

Insistiré con esto. Es tal el desconocimiento que occidente tiene de la “weltanschaung” taoísta que con frecuencia se le atribuye al taoísmo ser precursor de la dialéctica hegeliana. Esta afirmación no es gratuita; se sabe que Hegel fue uno de los primeros filósofos que se interesó por el texto del Tao-Te-King. Se cree que su defensa de la lucha de los contrarios fue inspirado en este texto.

Esta afirmación es con total certeza un error gnoseológico por considerar que en el taoísmo existe una lucha de contrarios; muy por el contrario (valga la redundancia) en el taoísmo los contrarios se complementan. He aquí donde se encuentra la diferencia en la interpretación del mundo de occidente y China. Para occidente monoteísta todo es lucha (hacer). Para China taoísta es complemento; es no hacer (Wu-wei). Este no hacer para el taoísta de ningún modo es no hacer nada, alude a no hacer con la mente, con los sentidos, con la estructura arquetípica, o como afirma la Sabiduría Hiperbórea; no poner sentido a los entes.

 Ying-Yang

De modo que es un error gnoseológico, cuando no una necedad relacionar la dialéctica, ya sea esta materialista o  clásica idealista con el concepto de Tao. Al occidental no le será posible encontrar un método para poder discernir los paradigmas taoístas; no le será posible por el sistema lógico o la exposición discursiva propio del sistema de conocimiento racional, o como asegura la Sabiduría Hiperbórea, por las preeminencias culturales. Para el taoísta el hombre se debe reconocer en el dualismo Yin-Yang, y desde ahí tender a lograr el Tao. El taoísta rechaza todo dogma, toda disciplina, cualquiera sea ella, si se adhiere a una es la de privarse de modo implacable de toda disciplina impuesta. Bajo este principio se tiene que entender lo que para el taoísta es el Wu-wei (no hacer). Este hacer sin hacer del taoísta, no es otra cosa que el desprecio a todo lo superficial y parcial, enalteciendo y valorando todo lo profundo y general, lo que en occidente llamaríamos visión holística, metafísicamente hablando claro está.

El  taoísmo se vale de la actividad de la mente para su liberación; digo se vale porque la mente (estructura  arquetípica) le es de un valor inestimable para moverse de modo estratégico entre el cielo y la tierra, esto es, en el mundo fenoménico Yin-Yang. De más está decir que este movimiento tiene que ser realizado desde un “lugar”  fuera de la conciencia (Selbst).  Es desde ese “lugar” (El Selbst) desde donde los guías del taoísmo esotérico de boca a oído, enseñan la manifestación del mundo fenoménico expuesta desde el capítulo dos y subsiguientes del Tao-Te-King. Este mundo fenoménico no es otro que la expresión de los planos celeste y terreno (Yin-Yang) visto de lo preceleste, que es lo mismo decir, del Tao-Selbst-Origen. La dificultad para discernir estos dos términos (Tao y Selbst-origen), más allá de lo semántico-formal, son causadas por las diferentes formas que posee china de percibir el mundo. A lo que el occidental llama Selbst u origen, para el taoísta es un solo término, puesto que ambos se encuentran más allá del mundo fenoménico Yin-Yang (conciencia). Esto es así, puesto que al lugar ganado e independiente del sujeto consciente, la sabiduría Primordial en occidente le da el nombre de selbst; lugar este ganado por el Yo desde donde partirá hacia el origen espiritual. Este lugar indispensable para el gnóstico occidental los guías del taoísmo esotérico lo dan a conocer de boca a oído, esto lo evidencia el hecho de que en sus escritos no se menciona (2). Tomaré un párrafo de la obra del guía y pontífice del taoísmo esotérico Chuan-Tsé, para fundamentar de modo irrefutable la directa relación que existe entre la Sabiduría Hiperbórea de occidente y el Taoísmo esotérico Chino-Mongol.
 Chuang-Tsé

Dice Chuan-tsé: “Todo lo engendrado (lo creado) está sujeto a cambio (evolución). Este cambio se refiere a aquello que lo ha originado (El Uno), que es su verdadera naturaleza. La felicidad consiste en seguir la naturaleza que conduce el camino a la unidad (entelequia). Y continúa: “En tanto que engendrada y por consiguiente situada a distancia de la unidad (entelequia), las cosas están sometidas a contradicciones y opciones, nada posee una condición permanente”. Ahora bien, Chuan-tsé asegura: “Toda oposición se desvanece cuando el hombre se coloca en el centro originario (Selbst)”. No es necesario aclarar ni dar más fundamentos ante tamaña obviedad. Es en la obra taoísta de este guía superior donde más se manifiesta la Sabiduría Hipebórea, sabiduría ésta que el enseñaba empleando fábulas y relatos expuestos con una simpleza e inocencia casi infantil, valiéndose de hechos cotidianos que no por eso carecían de profundidad espiritual.
 No son pocos los que en el siglo XX por desconocimiento o mala intención (Esto es, producto de las preeminencias o por tergiversación) han relacionado el Tao con Dios como quedó expuesto más arriba, con la clara intención de encuadrarlo en una religión y así privarle de su profunda  individualidad espiritualidad. También intentaron e intentan relacionar el Tao con el pensamiento de Confucio, que fue contemporáneo de Lao-tsé, del cual llegó a decir después de un encuentro con él: “A los animales se le pueden tender lazos, se pueden atrapar peces con redes, pájaros con flechas. ¿Pero como habremos de atrapar al dragón que se libera en el aire por encima de las nubes? Hoy he visto a Lao-Tsé; se asemeja a un dragón”. La diferencia abismal que existe entre Lao-tse y Confucio es que el primero actúa desde la ética noológica (espiritual) y el segundo desde la ética psicológica (anímica). El pensamiento de Lao-Tse es esencialmente iniciático y metafísico, en cambio la enseñanza de Confucio nunca pudo transcender lo ético y social, no quiere decir esto que el taoísmo carezca de ética social; muy por el contrario, la ética taoísta es eminentemente espiritual e individual, en cambio la confucionista es eminentemente psicológica y social.
Dos siglos después de Lao-Tsé nace Chuan-Tsé contemporáneo de Mencio; el primero, de la escuela taoísta de Lao-Tse; y el segundo, de la escuela de Confucio, dándose la misma rivalidad. Para que se tenga una idea de esta rivalidad que existía entre la escuela de Lao-Tse y Confucio (entre lo espiritual y lo anímico) solo diré que con Confucio comienza lo que en occidente llamamos ilustración y razón, dos manifestaciones arquetípicas que se convierten en el eje del pensamiento de Confucio, no solo como especulación filosófica, sino como practica social cuyo objetivo era la bondad y el altruismo, lo que en occidente llamamos humanismo; en estos principios Maho-Tse y la escuela mohista predicaron la “doctrina del amor universal” participando en el ámbito político. Este último constituyó uno de los objetivos de Mencio. De él  derivan las llamadas “100 escuelas”, que dependían y propagaban las ideas de Maho Tse, y Confucio. Estas escuelas enseñaban que Lao-Tse se nutrió de ellas cuando en realidad fue lo contrario, siendo Lao-Tse plagiado y tergiversado. Estos “demasiado humanos” de las 100 escuelas con Mencio al frente, hicieron todo lo posible para desprestigiar y anular a una de las cabezas visible del taoísmo esotérico que fue Chuan-Tsé.

Luego de siglos de enfrentamientos, y de la alianzas de las 100 escuelas con el Budismo Mahayana, el taoísmo esotérico se retira estratégicamente a la clandestinidad dejando en la superficie un taoísmo especulativo y sincrético que es lo mismo decir un taoísmo para los más, emergiendo de la clandestinidad de modo táctico en momentos muy puntuales de la historia China, apoyando o combatiendo a tal o cual poder político o religioso (3) que a partir del siglo XVII tras la derrota de la dinastía Ming (que siempre apoyaron) por los manchúes dinastía Qing, siempre luchó en contra de la penetración europea facilitada por los Qing, que dicho sea de paso esta etnia la Manchú, fue la última que gobernó China hasta principio del siglo XX. 

Estos argumentos históricos, sintéticos por cierto, alcanzan y sobran para dejar en claro que entre el taoísmo y el pensamiento de Confucio y Mencio no hay ningún nexo de comparación, puesto que uno es la expresión del espíritu eterno, y el otro una extensión del alma como hipóstasis del Uno, el mismo que los dogmaticos occidentales traducen por Tao, O sea el Dios creador.
Tomaré la obra de Lao-Tsé y la del pontífice Chuan-Tsé, este último sin dudas el más respetado de los taoístas esotéricos, para demostrar que el nexo espiritual existente entre Oriente y Occidente, fundamentalmente entre la raza Mongola y China y la blanca occidental (a excepción de la celta), es la sabiduría que los dioses leales al espíritu les legaron tras la guerra que destruyó a la Atlántida, en la cual éstos lucharon junto a las fuerzas leales al espíritu. Esta sabiduría fue la que en mayor o menor grado se empleo de modo táctico y estratégico por todos los pueblos de la historia que lucharon por la liberación del espíritu de las cadenas de la materia (4). Esta sabiduría en la raza blanca de occidente se la conoce (como quedo aclarado más arriba) con el nombre de Sabiduría Hiperbórea, y en los dos pueblos amarillos de Asia como Tao.


 SOBRE LA TRADUCCIÓN.

“Conocer a los otros es sabiduría
Conocerse a sí mismo es iluminación
Dominar a los otros es fuerza
Dominarse a sí mismo es superioridad
Rico es aquel que es suficiente a si mismo
Energía en la aplicación a un fin significa carácter
El que no deja el lugar que tiene durará
No dejar de ser luego de la muerte es inmortalidad”.

                                                                  Tao-Te-King.


Es innegable la dificultad de traducir un texto del chino a cualquier lengua   que se componga del alfabeto latino, como por ejemplo el idioma español. Esto se evidencia en el hecho de leer un texto chino como el que aquí nos concierne. ¡He leído seis traducciones diferentes del Tao-Te-King y todas difieren entre sí!, me pregunte ¿A qué se debe esto? Sin ser lingüista (nada más lejano de eso) llegué a la conclusión de que son traducciones “Ad hoc”, llamándome la atención que el eminente lingüista y sinólogo alemán Richard Wilhelm , amigo de C.G Gung en la traducción que hiso del Tao-Te-King traduzca la palabra Tao por “sentido”. Esta traducción que a mi criterio es un recurso semántico de valor gramatical, es la que más se acerca a la verdad, lingüísticamente hablando por supuesto. Esto es así por el hecho que la palabra Tao se traduce indistintamente como: camino, sendero, logos, Dios, y otras de menor valor semántico como inteligencia o razón, dependiendo de la concepción del mundo intelectual del traductor; si este cree en un Dios creador sea este Alá, Jehová, Brahma o cualquier deidad que esté por encima del hombre y las cosas (creación), no le quepa la menor duda al lector que Tao será traducido con la palabra Dios (5). Si el traductor es un materialista ateo lo hará con la palabra “nada”. Si es un gnóstico de la escuela de Samael lo traducirá como “Logos”. Si es un filósofo que se quedo en el pensamiento de Platón- Aristóteles, lo traducirá como “Nous”. También hay muchos tontos que traducen Tao con la palabra Amor, con los cuales no perderé el tiempo. Esta y no otra es la razón que llevo al sinólogo Wilhelm más allá de tecnicismos  lingüísticos a traducir Tao por “sentido”; sabiendo muy bien cuan dogmatizado y contaminado se encontraba el espíritu de occidente por el monoteísmo y el racionalismo materialista.
Richard Wilheim


A esta dificultad de traducción se le suma los agravantes que a entender son dos: La interpretación y el significado. Se podría decir para allanar distancias, que interpretar y traducir son sinónimos, si no fuera que la interpretación por regla general se contamina con las preeminencias de los hechos culturales, que a pesar de esto obviaré para poder avanzar. Lo que no se puede obviar, es la semántica de la traducción, del significado de aquellos aspectos del texto que son fundamentales para la exacta comprensión del mensaje dado por el escritor. En esto radica la dificultad de trasmitir con fidelidad las ideas transcendentes expuestas en escritos de profundo contenido espiritual, siendo el caso de los textos taoístas, con el agravante de que están escritos en ideogramas los cuales difieren sustancialmente en su gramática como en su sintaxis, haciendo esto imposible un estudio filológico del mismo.

Imagínese el lector. Si entre nosotros los occidentales, que hemos nacido, criados y educados en un medio cultural común, con una religión común, con principios morales comunes, no acordamos en significado de valores elementales, indispensables para lograr felicidad y alegría de vivir como el honor, el valor y el amor; cómo puede el lector creer que podamos si quiera acercarnos al significado que le da el taoísta chino a estos valores; no ya a la traducción, sino al significado de los mismos. Esta y no otra es la dificultad para trasmitir conceptos transcendentes, agravándose esto cuando estos son vertidos por una cultura que afirma y asegura que la verdad puede ser asida por la razón; razón esta que a lo más profundo que llegó, es a tener una pálida idea de lo que es el Ser, esto es, a dar repuesta a la existencia del hombre, teniendo mucho cuidado de no relacionar la existencia con el espíritu; y esto por una razón; por no tener la menor idea de definir al espíritu, de hecho la mayoría de los existencialistas niegan la existencia del espíritu; otra razón es por ser considerada exclusividad de la teología. Es aquí, en la problemática existencial del hombre que es esencialmente espiritual, es donde cobra relevancia la Sabiduría Hiperbórea  de la raza blanca occidental, y el taoísmo de la raza amarilla China mongol,

Como dije más arriba, esta sabiduría que fue legada por los Dioses leales al espíritu a estas tres razas; es iniciática y esotérica, o dicho de otro modo; lo más importante de su instrucción se da de boca a oído, siendo aparente y de forma las diferencias que se encuentran en sus textos. Estas diferencias no son otra cosa que el producto de los diferentes lenguajes habituales de las respectivas culturas con las consiguientes dificultades arriba señaladas, quedando en evidencia que su comprensión es posible desde un lugar propio; que como enseñan los guías occidentales: que el Yo gane un espacio propio fuera de la conciencia (Selbst). 

Tomaré las obras de Lao-Tsé y Chuan-Tsé, sin dudas los más conocidos y respetados por los taoístas esotéricos; incluyendo también el pensamiento del neoplatónico Plotino, al cual los taoístas sacralizantes se esfuerzan para relacionar su concepto filosófico de “El Uno” con el de Tao, quedando demostrado que el nexo espiritual que existe entre la raza blanca (a excepción de la celta), y la amarilla china mongol, es la sabiduría que los Dioses leales al espíritu legaron al hombre tras la desaparición de la Atlántida.


 A modo de advertencia.

“Ven y yo te enseñaré el más alto Tao.
La esencia del más alto Tao es profunda y oscura.
Lo más encumbrado del Tao es oscuro y silencioso”.

                                                              Chuang-Tsé.


La lectura, y más aún, profundizar en los terroríficos e inconmensurable secretos del Tao o de la Sabiduría Hiperbórea, es sumergir al alma a lugares en los cuales experimentará espantos indecibles. A esto alude Chuang-Tsé cuando afirma “El Tao es profundo y silencioso”.

No son pocos los que se detuvieron y regresaron (desertaron) cuando él camino que los llevaba a la verdad, los insertaba en esa oscuridad  en la cual comenzaban a escucharse lamentos y quejas de dolor por acontecimientos olvidados, con la clara y palpable certeza que esos lamentos eran conocidos, y que por alguna causa se olvidaron.
Cuando a estos “buscadores de la verdad” se les hiso saber que esos lamentos provenían de ellos mismos; que fueron olvidados a causa del deseo y la ilusión, comenzó el miedo. Y cuando se les hiso saber que el espíritu no es de este mundo, que fue engañado, encadenado a la materia, y para liberarlo no se debía desear ni poner sentido a los entes, y además se tenía que luchar a muerte contra el creador de la ilusión, con la certeza de perderlo todo, cundió el pánico y el terror.

Esta lucha es para unos pocos, muy pocos, se requiere mucho valor, voluntad y desapego de las cosas del mundo; ésta actitud, este modo de ser y hacer no se adquiere como un hecho de simonía; se trae como potencia espiritual, siendo condición “Sine qua non” para cualquier acción de guerra para liberar el espíritu de la ilusión de las cosas creadas. 

El taoísta no es un monje como los sacralizantes nos quieren hacer creer, o como enseñan, que se puede ser gnóstico y sacerdote. Ni el taoísta esotérico, ni el gnóstico Hiperbóreo construyen o habitan templos; muy por el contrario: ¡Los destruyen! Y si algo construyen son fortalezas, emplazadas en su interior, que la Sabiduría Hiperbórea le da el nombre de “Esfera Ehre” que se construye con la voluntad del Yo en el espacio ganado previamente (Selbst).
Quien tome partido en esta guerra heroica, y no por eso absurda, pasará por un sinfín de vivencias y sentimientos que le harán saber de modo irrefutable que lucha solo; lucha que se da en el contexto del mundo que el guerrero sostiene como real, y desde el cual se orienta hacia el origen. Rara vez el guerrero coincidirá con otro camarada para sumar fuerzas contra el enemigo. Esto es así porque el camarada también sostiene un mundo propio como real. Esta es hoy la tragedia del guerrero gnóstico ¡Luchar solo entre camaradas!
No faltará quien diga que esta es una visión pesimista de la realidad del guerrero gnóstico. Esto no es así puesto que ya lo decía Chuang-Tsé: “Cuando después de mil generaciones nos encontremos con un barón santo (esto es un guía), tendremos la explicación de la noche a la mañana. Ahora es imposible. Si tú y yo somos de distinto parecer y tú me vences a mi ¿acaso lo tuyo será verdadero y falso lo mío? Si llamamos a otro para que rectifique, si es de tu opinión ¿Cómo se podría rectificar? Si es de mi opinión ¿Cómo podría rectificarme? Si entre dos no es posible hacer luz, cuanto más difícil será que todo el mundo vuelva atrás de su extravío”. Y más adelante: “Si caminan junto tres compañeros y uno de ellos se extravía, aún se puede llegar al final del viaje porque los extraviados son los menos: pero si lo que se han extraviado son dos, tendrán más trabajo y no podrán llegar al fin, porque los extraviados vencen en número. Pues ahora está extraviado el mundo entero. Por más que yo quiera orientarme no lo lograré. Las grandes melodías no entran en oídos aldeanos; en cambio si oyen aires melodiosos y espirituales, se echan a reír regocijadamente. Así también las altas enseñanzas no posan en el espíritu de las multitudes. Las altas doctrinas no destacan. Las vencen y sofocan los dichos vulgares. Si pues cuando dos están extraviados no logran llegar a término, ahora que el mundo entero está extraviado, aún cuando yo busque orientarme ¿Cómo podré lograrlo? Sabiendo que es imposible, empeñarme en ello es también una aberración. Por eso lo mejor es dejarlo y no empeñarse en empujarlo”.

Sin lugar a dudas Chang-Tsé tiene que haber pasado por un estado interior que de algún modo quien más o quien menos, todos nosotros hemos pasado y otros pasaran. Es un estado de total desprecio por el mundo; un desprecio que tiene su origen en la total certeza de que todo le es ajeno, de que nada le pertenece. En síntesis; de que no pertenece a este mundo. Continúa Chuang-Tsé: “Los estudiosos de las generaciones venideras, desgraciadamente nunca podrán contemplar la pureza del cielo y de la tierra, ni el gran Tao de los antiguos. La doctrina ha quedado rota y escindida definitivamente”.

Y concluye: “Los que sueñan que están bebiendo en un banquete, al amanecer lloran de pena al despertarse. Al contrario los que sueñan que están llorando, al amanecer se encuentran que están divirtiéndose en un banquete. Solo con un gran despertar se puede comprender el gran sueño que vivimos. Los estúpidos se creen muy despiertos”.
Aludiendo al mundo ilusorio en las “Enneadas” III y V del iniciado  Plotino se puede leer: “Liberarse del cuerpo es el verdadero despertar. Levantarse con el cuerpo no es más que pasar de un sueño a otro. Los hombres que viven en ese sueño están tan persuadidos que si se les despertara de él, no creerían lo que verían sus ojos y se volverían a su sueño anterior”. (6)
Por último diré, que si acordamos que Tao es camino interior, es claro e irrefutable que todo el pensamiento taoísta fundamentalmente el de Lao-Tsé expuesto en el Tao-Te-King alude a una lucha que acontece en el interior de hombre, lucha esta cuyos contendientes son: el alma que es una extensión del demiurgo El Uno, contra el Yo prisionero de la materia, que es el reflejo del espíritu eterno; lucha en la cual, lo sepa o no el hombre, no se puede ser neutral.
Son muchas las sentencias de aquellos hombres espirituales que lograron transcender la materia y lograr orientar su espíritu cuando no liberarlo en esa lucha interior a la cual él Tao hace alusión de modo velado.
Por ejemplo Siddharhta Gautama (El Buda) cuando afirmaba: “Ni siquira un Dios puede cambiar en derrota la victoria de quien se ha vencido así mismo”.
 Siddharhta Gautama

También Bodhidharma afirma algo semejante: “Un guerrero puede vencer a mil ejércitos en mil batallas, pero el verdadero guerrero es aquel que se vence a sí mismo”.
Bodhidharma

El islamismo Chita esotérico e iniciático; en la Yihad (guerra santa), también alude a lo mismo cuando afirma: “Solo los puros de espíritu que mueran por Ala ganaran el cielo”.
Estas tres sentencias que son la base ética de todo guerrero gnóstico, no es otra que la afirmación de la Sabiduría Hiperbórea donde enseña categóricamente que el Yo, debe luchar y ganar previamente para su liberación, un espacio propio fuera de la conciencia donde se encuentra prisionero y extraviado; este espacio no es espacial ni temporal sino estratégico y su objetivo es el Selbst.
De acuerdo con lo arriba expuesto se puede decir con certeza que la lucha es interior, y si la estrategia lo requiere será exterior, lo cual se tratará de demostrar a continuación con el nexo existente entre el Tao y la Sabiduría Hiperbórea, que con rigor de verdad es lo mismo.






La enseñanza Hiperbórea en el taoísmo de Lao-Tsé y Chuang-Tsé.

Los guías taoístas, se valían del un método de enseñanza semejante a lo que en la escuela socrática llamaban “mayéutica”, también lo que nosotros los occidentales entendemos por método inductivo, para acercar al discípulo a la comprensión trascendente del Tao. Chuan-Tsé enseña que qué:

“El mismo es su fundamento y su raíz. Su existencia estaba ya sólida y firme antes de que existieran el cielo y la tierra”.
El cielo y la tierra es el mundo fenoménico, la creación Es obvio que alude al origen (Tao).

“El Tao es un ser sin comienzo ni fin; las cosas en cambio mueren y vuelven a la vida. Su ser tiene apoyo en si mismo”.
La eternidad (El origen) no tiene comienza ni fin. Las cosas creadas nacen evolucionan y mueren. La eternidad se apoya en sí misma.

“En el comienza existe El. Explicarle es igual que no explicarle. Conocerlo es igual que no conocerlo. Su inquisición no puede tener término y no puede no tener término. En aquel caos existe una realidad o una verdad. Desde la antigüedad hasta los tiempos actuales permanece invariable. No puede tener detrimento o pérdida. ¿No es lo que puede ser denominado la gran grandeza incontrastable?”.
En el comienza de la creación. Con el articulo “El”, Chuang-Tsé se refiere al Dios creador que también es un
 Espíritu eterno; y no al Tao como pretenden algunos sacralizantes. Solo El Uno puede ser la “gran grandeza incontrastable”.

“Aquellos superhombres vuelven en espíritu al que es sin principio y duermen dulcemente en esa región donde nada existe”.
Sin lugar a dudas los superhombres son aquellos que se mutaron en Siddhas y ganaron la eternidad donde nada de lo ilusorio existe.
Plotino afirma algo semejante. En la “Enneada” VI se lee:

“Es menester inquirir el origen de los seres que vienen de Él; pero hay que cesar de inquirir cómo fue engendrado Él porque no ha sido engendrado. Es el primero y no se puede ya pasar más adelante”. Y continúa más adelante:

“No, no hay que decir ni que existe. Las otras cosas son las que existen después de Él y por Él ¿Cómo pudo haber recibido la existencia de otro o de si mismo quien subsiste antes de toda existencia”?.
Aquí, tanto para Chuang-Tsé como para Plotino, con el vocablo “El” están aludiendo sin lugar a dudas al Uno; el que sostiene con su voluntad-conciencia-tiempo la ilusión del mundo fenoménico. De modo que existe una diferencia sustancial entre El Uno creador y el Tao  hipóstasis de la eternidad.
Con respecto a la inteligencia como producto de los sentidos (estructura arquetípica), el taoísta es lapidario. Enseña el pontífice:

“Cuando se despoja de la sabiduría pequeña es cuando brilla la gran sabiduría”. Más adelante: “Siempre hemos oído que los que tienen entendimiento son lo que entienden y nunca hemos oído que sin entendimiento se puede entender. Pero mira el vacío. En una habitación vacía nace la blanca claridad”.
Aquí la pequeña sabiduría es la de la razón, y la gran sabiduría es la del Tao. Por entendimiento se debe entender capacidad de discernir para discernir. “Mirar el vacío” es mirar desde el presente comprensivo; y sin preeminencias culturales “nace la blanca luz”. Y concluye Chuang-Tsé:

“Antiguamente no entorpecían con sus conocimientos la virtud del Tao. Para qué necesitan la inteligencia si no necesitan discurrir”.
La polémica o la discusión que es lo mismo, lleve indefectiblemente a imponer un argumento. Este siempre es un concepto tajada, o una parte de la realidad impuesta.
Dice Plotino al respecto:

“Para conocer al espíritu hay que descartar al cuerpo, las sensaciones y los deseos”.
“Para conocer lo inteligible es menester no tener imagen alguna de las cosas sensibles, así para conocer lo que está sobre la inteligencia, hay que apartarse de lo inteligible”.
“Cuando nos creemos ignorantes es cuando nuestra ciencia es más conforme a la inteligencia”.
“Para unirse al bien que no tiene forma alguna, debe despojarse de todas las formas”. (Enneada IV y V).
Con respecto al cuerpo, algo muy valioso para el occidental (y no solo para él). Dice Chuang-Tsú:

“Despójate de tu cuerpo y arroja de ti tus oídos y tus ojos; olvida las leyes de las cosas; unifícate con lo esencial e inmenso; ata tu corazón y suelta tu espíritu; quédate insensible como sin alma”,
Lao-Tsé enseñaba:

“Practica la abstinencia y la guarda de tu corazón. Lava y blanquea tu espíritu. Despójate de tu inteligencia. Pues el Tao es arcano y difícil de expresarlo”.
Confucio opinaba al respecto:

“Conocen la unidad, ignoran la dualidad. Cuidan su interior y descuidan su exterior. Su iluminación les ha introducido en la sencillez primitiva y con la quietud de su inacción (Wu wei) han restaurado su nativa autenticidad”.
Una anécdota cuenta que cierta vez Confucio pidió a un anciano pescador (Lao-Tsé) le enseñara la verdad del Tao, Este le respondió:

“Yo tengo aprendido este dicho: A quien es capaz de ir contigo dale y condúcele hasta el maravilloso Tao. A quien no es capaz de ir contigo y conocer el Tao cuida de no darle así no cometerás errores”.
Con esto queda claro que entre el pensamiento de Confucio y el Taoísmo no existe ningún nexo espiritual, a excepción  de valores culturales que hacen a la organización social de China que tienen vigencia hoy. Esto es así, por carecer el taoísmo de una ética social.
Con respecto a la nada Chuang-Tsé enseñaba:

“El Tao es la nada que existe como si no existiera. En el principio existía la nada. La nada carecía de nombre. Este fue el origen del Uno, En el principio existía la no nada” (7).
“Entran y salen en la inmensidad sin fronteras y sin comienzo, como el tiempo. Se dice en su elogio que fusionado  su persona con la unidad. Unificados y sin Yo ¿Sin Yo como pueden tener Ser? Los que miran al Ser son los amigos del cielo y de la tierra. Los que miran a la nada son los sabios antiguos”.
Entrar y salir de la “inmensidad sin fronteras”, es manifestarse a voluntad en el plano material. Aquí el tiempo no tiene “comienzo” puesto que es la conciencia de El Uno creador; y que solo percibimos los entes designados en esa y por esa conciencia-tiempo.
Fusionando (trasmutando) su persona (microcosmos) con la unidad (el Tao)  no se es más yo ni ser. Se es un Dios.
Los que miran al Ser (mundo fenoménico) son los “amigos” del cielo y de la tierra (los que miran desde la conciencia). Los que miran la nada (pueden discernirla) son los sabios antiguos (Los guías pontífices).
Con respecto al mundo fenoménico (cielo y tierra) afirma Chuang-Tsé:

“La gran sabiduría llega a entrar en aquel mundo, pero no llega a ver su término. Pues aquel que ha hecho cosas a las cosas, no está limitado por las cosas. Las cosas tienen sus propios límites. Son estos los contornos que las limitan. Pero los límites de lo ilimitado, son lo ilimitado de sus límites. De Él se dice ser llanura y vaciedad, que languidece y muere. Pero Él, que se dice lleno y vacío, no es lleno ni vacío. Él que se dice languidecer y morir, no languidece ni muere. Él que se dice comienzo y fin, no tiene comienzo ni fin. Él que se dice congregar y dispersar, no es ni  congregación ni dispersión”.
“Entrar en aquel mundo”, del que hiso “cosa a las cosas” no es nada más ni nada menos, que como asegura la Sabiduría Hiperbórea,  conocer el secreto de la serpiente (los innumerables mundos creados). Él, El Uno creador no está limitado por las cosas creadas, por el simple hecho que fueron concebidas para que el hombre le pusiera sentido, y así crear cultura.  “Los límites de lo ilimitado, son lo ilimitado se sus límites”, no es otra cosa que el límite de cualquier materia ponderable, y lo ilimitado de lo que la sostiene que no es otra cosa el punto indiscernible.
Él Uno creador, al no hacerse cosa con las cosas no posee ningunas de las cualidades que se dicen posee. Esto es lo que hace decir a Chuang-Tsé:

“Si se remonta al Tao y al Te (virtud) flotar y mecerse. No ser alabado ni vituperado, cernerse cual dragón en las alturas o arrastrarse por el suelo como reptil, sin ser retenido por nada particularmente contentándose con estar lo mismo arriba que abajo, tomando como única medida ajustarse y armonizar. Así flotar y andar por el reino del progenitor de los diez mil seres que hace las cosas sin hacerse cosa con las cosas. De esta manera ¿qué dificultades puede haber? Esta fue la norma de vida de los maestros antiguos”.    
El reino del progenitor es su conciencia-tiempo. Las diez mil cosas son todos los seres y por extensión todo lo creado.
Chuang-Tsé aconseja que hay que ser como el progenitor (El Uno). No hacerse cosa con las cosas. Y continúa:

“Solo aquel que ha entendido que el que hace las cosas, no es cosa, tendrá poder sobre la gente y el mundo”.
Dice plotino:

“El no es ninguno de los seres y es todos los seres. Ninguno de ellos, porque los seres le son posteriores; y todos, porque todos vienen de Él”.
No es ninguno de los seres porque El Uno es un Dios y por lo tanto es eterno. También es todos los seres porque se manifiesta de modo hipostático en el alma transmigrarte y en los puntos indiscernibles de todo cuerpo animado o inanimado.
Con respecto a la unicidad del tao sorprende la semejanza del pensamiento Taoísta y neoplatónico. Dice Plotino:

“Hace falta una unidad anterior a la multiplicidad, porque la multiplicidad viene de la unidad…si no los seres múltiples estarían en un estado de dispersión y solo la casualidad los juntaría”.
“Es menester reducir el pensamiento hasta el verdadero Uno, diferente de toda multiplicidad. El Uno es todo simplicidad y realmente simple”.
El Tao-te-King contiene un curioso capítulo: el número 42, que sin temor a equivocarse, se podría decir que es una descripción cabalista del mundo fenoménico. Escribe Lao-Tsé:

“El Tao engendra al Uno, el Uno engendra al dos, el dos engendra al tres, el tres engendra los diez mil seres”. (8)
Es poca comprendida la falta de operatividad o de acción del Tao. Para la mente occidental, la posición taoísta al respecto le parecerá cuanto menos absurda. Dice Lao-Tsé:

“El Tao en su estado habitual no obra y nada deja de hacer”.
“La virtud suprema no actúa porque tiene virtud. Las virtudes inferiores no dejan de actuar porque no tienen virtud”.
“Con el estudio se acumula conocimiento día a día. Con el Tao se disminuye día en día hasta llegar a la inacción”.
El estado habitual es el origen. Desde ahí se obra y no se obra. La virtud suprema es la única virtud que se manifiesta desde el presente comprensivo. Las virtudes inferiores no dejan de actuar porque se manifiestan desde el presente extensivo. Con el estudio se incrementa el laberinto (extravío); con el Tao disminuye (orientación) hasta llegar al Selbst, Wu-wei, inacción (no poner sentido a los entes).
Agrega Chung-Tsé:
“El Tao tiene su realidad y su verdad. No tiene acción ni figura. Y si nos ponemos a gozar en su ociosa independencia ¿No es calma, silencio, soledad, pureza, armonía y ocio?”.
“¿Qué es el Tao? Hay Tao celeste y hay Tao humano. El Tao que permaneciendo inactivo, es venerable y estimable, es el Tao celestial. El Tao que trabaja y se cansa, es el Tao humano”.
Las distintas vivencias entre signo de interrogación son una afirmación, que el taoísta experimenta en estado de Wu-wei, lo que para el alma sería inoperancia.
Aquí Chuang-tsé hace una clara diferencia entre lo divino y lo humano; entre el Tao celestial que es la voluntad graciosa luciférica del Yo que ha ganado un espacio propio fuera del la conciencia desde donde actúa. Y el Tao humano que es el Yo extraviado en la conciencia, la cual se vale de su voluntad para evolucionar.
Plotino habla de la inoperancia de El Uno, que los idiotas sacralizantes se empeñan en semejarlo al Tao. Dice Plotino en la Enneada V y VI:

“De Él vienen todas las cosas. De Él viene el primer movimiento que no existe en Él. De Él viene el reposo que Él no necesita. Él no está en movimiento ni en reposo. No tiene nada de que reposar ni nada por que moverse. ¿Hacia dónde se movería si Él es el primer ser?”.
“Todo está en Él. Todo le pertenece. El conocimiento que tiene de sí mismo es una suerte de conciencia que consiste en un reposo eterno, diferente del pensamiento de la inteligencia”.
Los académicos occidentales (y no solo ellos) envenenados con preeminencias culturales y embrutecidos con el dogma judeocristiano tiene indefectiblemente que, como dije más arriba, confundir al demiurgo El Uno ordenador de la materia con el Tao. Esto sería lastimoso y vergonzante si no se tratara de pensadores y académicos (9)
La “inoperancia” del Tao, también se entiende como “gobernar sin intervenir”. Dice Lao-Tsé:

“Los súbditos no sabían del emperador sino que existía”.
Agrega Chuang-Tsé:

“La manera de gobernar el mundo de los que lograron el Tao, era incitar la voluntad e inducir a sus súbditos de modo  que reformaran las costumbres y desarraiguen todos malos deseos; así cada cual podría proceder según su propio deseo como movido por su propia naturaleza y si que las gentes olvidaran  la procedencia”.
“Si a quien es hermoso no le dan un espejo o no se lo
advierten, ignora que su hermosura supera a los de más hombres. El amor del gobernante sabio a los hombres es también así; si no se lo advierten, ignora que ama a los hombres”.
No hay modo de gobernar  a un pueblo; que reformen las conductas y desarraiguen los malos deseos si no es bajo la mística trasmitida carismáticamente por un líder. El espejo es el mismo pueblo donde el líder se mira. La “advertencia” le da la certeza de que el amor no es anímico gregario; es espiritual trascendente.
Continúa Chuang-Tsé:
“Si el soberano pudiera lograr que no se dispersen los sentimientos, y llegara a no servirse de su inteligencia, si estando quieto como un cadáver pudiera ostentarse poderoso como un dragón, si guardando el silencio de las profundidades abismales, pudiera tronar como el trueno, si pudiera hacer que el cielo secundara los impulsos de su espíritu; si estando tranquilo y sin hacer nada, pudiera mover la multitud como el viento levanta la polvareda ¿Qué impocivilidad tendría de gobernar el mundo?”.
“Si los de arriba guardan inacción y los de abajo también la guardaran, la misma Virtud estaría en vigor abajo y arriba. Estando en vigor abajo y arriba la misma virtud, no habría súbditos. Pero, por el contrario, si hubiera acción abajo y acción también arriba, actuaría la misma ley arriba y abajo. Actuando la misma Ley arriba y abajo, no habría soberano. Arriba tiene que haber necesariamente inacción en gobernar el mundo. Abajo tiene que haber necesariamente acción. Esta es la Ley del Tao inmutable”.
La primera observación describe la conducta del rey o del emperador de una región dada; conductas estas observadas en la s mayoría de las dinastías Chinas del último milenio a excepción de las manchúes (10).
La segunda observación es de cardinal importancia, por ser esta la clave velada de la política interior y exterior de China estos últimos 60 años, que no fue comunista y que no es hoy capitalista. Lo que China ha logrado con el arma táctica de la sinarquía, que es el poder financiero; la Alemania nacionalsocialista lo logró con el democrático.
De los castigos y la pena de muerte decía Chuang-Tsé:
“Los castigos son el tronco, la cortesía las alas, la pericia la garantía de una buena administración y la virtud norma de conducta. De los castigos se hace el tronco de su política. Así en el matar eran amplios”.
Agrega Lao-Tsé:

“Si en el curso de la evolución de las cosas surgieran apetencia de actuar, las deberíamos  reprimir en el anonimato del tronco. Sin ambiciones hay paz y el mundo se ordena espontáneamente”.
“Si el pueblo no temiera la muerte, sería inútil atemorizarlo con ella. Si teme morir, como siempre teme, y aún comete delito, puedo detenerlo y matarlo ¿Quién se atreverá a continuar? Debe matarlo el encargado para ello. Si lo matara otro por él, sería usando el hacha sustituyendo al maestro. Raros serán los que sustituyendo al maestro no hieran sus propias manos”.
“Yo entiendo los que otros han enseñado: El hombre violento no morirá de muerte natural. A esto lo considero como parte de mi doctrina”.
“El tronco de la política” sin lugar a dudas es el gobernante que ha logrado el Tao. Las alas (cortesía) respeto por el condenado. Pericia; conocimiento y honestidad. Y virtud (honor), norma de conducta.
Si se actuara fuera de la Ley, se tendría que reprimir al infractor sin que lo sepa el gobernante (el tronco).
Si a pesar que se le teme a la muerte se comete delito; es irrecuperable y se lo debe matar, quedando claro que deben ser los encargados (La Ley). Fuera de ella (sustituir al maestro) es cometer una falta.
La naturaleza para el taoísta poseía aspectos divinos. Enseñaba Chunag-Tsé:

“Los que los hombres hacen fácilmente resulta engañoso, lo hecho por el cielo difícilmente engaña”.
“La más alta sabiduría es la que distingue la obra del cielo de la obra de los hombres”´
“De la hermosura del cielo y de la tierra, el sabio comprende la razón de los diez mil seres. Por eso el hombre sabio no actúa”.
“El hombre en posesión el Tao no estorba con deseos de los sentidos, ni se pone o suplir la obra del cielo con humanas contribuciones”.
Los que los hombres hacen culturalmente hablando.
Lo hecho por el cielo son los entes designados. La más alta sabiduría es distinguir la diferencia entre lo natural y lo cultural; y de este conocimiento el sabio comprende el accionar de los hombres.
Unas de las reglas fundamentales del taoísta es no alterar el curso de la naturaleza a la que aquí llama cielo. Es una falta grave tratar de corregir su curso (designio). Este modo de “ver” la naturaleza de los taoístas va en contra de todo el pensamiento reformador de Confucio que está basado en la equidad y la bondad, cosa que el taoísmo rechaza de plano por considerarlas para ganar fama y renombre (Ética psicológica) y destruir la virtud del Tao.
Dice Chuang-Tsé al respecto:

“Yo llamo bueno no a la bondad y la equidad. La bondad no está sino en la virtud del Tao”.
En cierta oportunidad le dice Lao-Tsé a Confucio:
“La garza real no necesita bañarse cada día para conservar su blancura, y el cuervo no necesita teñirse para conservar el color negro. Secado el pozo, los peces se reúnen y se echan mutuamente la humedad de su aliento y se mojan con su saliva. Mejor les iba antes cuando vivían olvidados uno de otro en su río o en su lago. ¿Qué necesidad tiene de vuestra bondad y de vuestra equidad el hombre que vive desde el Tao?”.
Luego de escuchar esto, el discípulo que acompañaba a Confucio le preguntó qué opinión le merecía la lección se Lao-Tsé. Este le respondió:

“He quedado con la boca abierta y no la puedo cerrar. ¿Qué reforma le iba yo a aconsejar a Lao-Tsé?”.
Dice Chuang-Tsé de los hombres que quieren reformar la naturaleza; a Confucio por ejemplo:

“A los peces les basta con que se les cabe un pozo para que encuentren allí todo lo necesario para su vida. A los hombres también les basta vivir en el Tao para no experimentar necesidad alguna”.
“Las patas de los patos son cortos pero si pretendes alargarlos será con dolor. Las patas de la grulla son largos, pero si los acortas será también con dolor. Lo que naturalmente es largo no necesita acortarse, ni alargarse lo que es corto”.
“¡Desde la tres dinastías, que revuelto y alborotado ha estado siempre el mundo! Querer regularlo todo con cuerda, compas y escuadra es vulnerar la naturaleza. Valerse de cuerdas, engrudos y cola para fijar las cosas es lesionarlas. En la naturaleza ya existen curvas trazadas sin cartabón, líneas tiradas sin cuerdas, círculos sin compás, cuadrados delineados sin escuadras, soldaduras sin cola ni engrudo y ligaduras sin cuerdas”.
“El agua brota pura espontáneamente sin que le sea necesario hacer nada para ello. La virtud de los hombres-cumbres tampoco necesita ser cultivada para que las cosas se adhieran a ellos y no se separen. El cielo es por sí mismo alto, la tierra es por sí misma áspera, el sol y la luna son por sí mismo luminosos. ¿Qué necesidad tienen de ser perfeccionados?”.
En esto queda patentizada la diferencia que existe entre la ética noológica de Lao-Tsé y Chuang-Tsé y la ética psicológica de Confucio. O, cómo enseña la Sabiduría Hiperbórea, se cumple con la finalidad y suprafinalidad del pasú: Poner sentido a los entes y crear cultura; excepto que la puesta de sentido sea estratégica desde un lugar ganado independiente de la conciencia (Tao-Selbst).
Existe en él taoísmo una relación noológica entre Tao y origen espiritual que, como dije más arriba, los sacralizantes sinarcas quieren relacionar con el Uno creador de la materia, valiéndose y cambiando de significado los términos usados por el iniciado Plotino.
Para no cansar con redundancias transcribiré textual el primer Capítulo del Tao- Te-King y un pensamiento de plotino para dejar claro que Tao es el origen, y El Uno de plotino es el creador de la materia. Se lee en el primer capítulo  del Tao-Te-King:

“El Tao que puede ser expresado
No es el verdadero Tao”. El origen no tiene nombre.
“El nombre que se le puede dar
No es su verdadero nombre”. Se da de boca a oído en occidente también se lo da a conoce del mismo modo.

“Sin nombre es el principio del universo;
Y con nombre es la madre de todas las cosas”. Hoy se lo conoce como: Dios, Jehová, Alá, Brahma y sus aspectos femeninos etc.

“Desde el no-Ser comprendemos su esencia;
Y desde el ser, solo vemos su apariencia”. Desde el no-ser (El origen) comprendemos. Desde el ser (El mundo fenoménico) vemos su apariencia.

“Ambas cosas, ser y no-ser tienen el mismo
Origen, aunque distinto nombre.
Su identidad es el misterio”. Él es un espíritu y su conciencia tiempo, con la cual sostiene a los entes designados.

“Y en ese misterio
Se halla la puerta de toda maravilla”. Develando ese misterio (El misterio de la serpiente) se abre la puerta del origen.
Dice Plotino en la Enneada III:

“Él es el poder de donde procede todo, sin Él nada existe. Es una fuente que no tiene origen. Da sus aguas a todos los ríos, sin embargo no se agota”.
Más adelante opina sobre el origen de la materia y de su creador.
“La materia no tiene el ser que le permita participar del bien, y se dice de manera equívoca que ella es cuando debería decirse en verdad que es un no ser…”.
“El Mal debería encontrarse, caso de existir, en lo que realmente no es y como adoptando la forma del no-ser o en lo que se asocia al no-ser”.
“La naturaleza corporal es mala, por cuanto que participa de la materia, pero no es el primer mal porque tiene una cierta forma que propiamente no existe en ella, ya que carece de vida”.
Es evidente que Plotino sabía lo que decía. Si el Mal participa de la materia; ergo el Mal es quien la creo, él demiurgo El Uno.
 Plotino

Después de estas citas no aludiré más a la relación existente entre el pensamiento Hiperbóreo de Plotino y el Tao, por ser estos demasiados obvios.
El taoísmo es un defensor a ultranza de la preservación de la vida, por ser esta gnosis espiritual eminentemente individual. Con respecto a preservar la vida enseñaba Chang-Tsé:

“El imperio aunque se acosa grande no se puede cambiar por la propia vida. En esto está la diferencia entre los hombres que poseen Tao y los hombres vulgares. Shun quiso ceder el imperio a Shan Chüan. Shan Chüan le contesto: “Yo vivo en este mundo. En invierno me visto con pieles y lanas; en verano con tela fina. En primavera aro y siembro mis campo. Mi cuerpo puede soportar esta tarea. En otoño recogida la cosecha, mi cuerpo puede descansar y comer tranquilamente. Al salir el sol me pongo a trabajar y al ponerse me retiro a descansar. Vivo holgadamente entre el cielo y la tierra. Mi espíritu está contento y satisfecho ¿Para qué voy a tomar sobre mí los quehaceres del imperio?
Queda claro que el maestro Shan Chüan, se opone y cuestiona la ambición de gobernar por ser su estrategia de liberación individual, cuyo modo de aplicar el principio  Wu-Wei (No hacer) es el que sigue:

“Los naranjos, los perales, los toronjos y calabazas, una vez maduros sus frutos, sufren la injusticia de ser robados. Sus ramas, las grandes quedan rotas y las pequeñas maltrechas. Su propia valía les ha hecho dolorosa la vida”.
“Los grandes árboles son talados. La grasa enciende el fuego que le va a consumir. El canelo es cortado por ser comestible. El árbol barnicero es sangrado por su utilidad. Todo sabio conoce la utilidad de ser útil para nada”.
“Nada veas, nada oigas para guardar el espíritu tranquilo y éste rectificara tu cuerpo. Tienes que poseer calma y pureza y no fatigar tu cuerpo ni agitar tu espíritu. Así podrás vivir mucho tiempo”.
“Hay que ser como el niño que camina sin saber dónde se dirige. Se detiene sin saber que va ha hacer. Su vivir es deslizarse con las cosas y mecerse al ritmo de su oleaje. Este es el procedimiento para proteger y conservar la vida”.
“El árbol derecho es el primero en ser derribado. El manantial de agua dulce es el primero en ser agotado”.
Este modo estratégico de moverse, es inherente al taoísta esotérico.
Modo este, imposible de realizar si no se ha logrado un total desapego a los entes externos de la superestructura y a los símbolos sagrados tan caros a la estructura arquetípica del occidental (y no solo de él).
Al occidental no le queda otro movimiento para pasar socialmente desapercibido. Es la estrategia más eficaz para no ser objeto de puesta de sentido por el medio social con el cual se relaciona el Virya (11).
De más está decir que para el taoísmo esotérico el mundo fenoménico (el Yin-Yang) es una ilusión; causa esta de los errores de evaluación. Enseñaba Chuang-Tsé y su discípulo Kua-Yi:

“Todo lo que tiene un aspecto visible, sonido y colores es cosa. No hay en ellas otra cosa que colorido y aspecto”.
“Lo que puede ser visto son figuras y colores. Lo que puede ser oído son nombres y voces ¡Triste cosa! Los hombres del mundo creen que las figuras, los colores, los nombres y las voces pueden bastar para captar sus verdaderas realidades. Pero las figuras, los colores, los nombres y las voces, en realidad no bastan para aprender su verdad. Por eso el que le conoce no habla y que habla no le conoce”.
“Las cosas tienen su natural verdad, las cosas tienen su poder ser. No hay cosa sin su verdad. Dividir las cosas es constituirlas y constituirlas es destruirlas. En las cosas mismas no existe ese hacerlas y ese deshacerlas, sino que se identifican en la común unidad”.
Los taoístas esotéricos enseñan de boca a oído la verdad que subyace en las cosas.
Esta verdad no era otra, que la enseñada por la Sabiduría Hiperbórea: La creación y ordenamiento de la materia en su conciencia tiempo, y su manifestación panteísta como soporte metafísico a través de los puntos indiscernibles.
Y agregan los pontífices:

“El florecimiento de las distinciones del es y no es vino de la decadencia del Tao. Decadencia debida a la génesis del amor y las simpatías. Aquí tienen su origen él es y no es de los confucionistas y los discípulos de Mo-Tsé. Hacen es el no es del otro. Quieren que sea verdad lo que el otro tiene por falso y falso lo que el otro tiene por verdadero. Mejor les fuera sí lo entendieran claramente una vez. No hay cosa que no se pueda llamar aquello, ni hay cosa que se pueda llamar esto. …aquello y esto no son más que expresiones que nacen ahora mismo. Nacen ahora y mueren ahora”.
La decadencia del Tao no es otra cosa que el encadenamiento del espíritu a la materia, que con la posterior puesta de sentido por el Yo extraviado se constituye en el sujeto racional él es y el no es, por extensión todos los contrarios. Aquí queda en evidencia la conspiración de las 100 escuelas Moísta de orientación confucionista arriba señalada en contra el taoísmo esotérico de Chuang-Tsé.
Con respecto a esto afirma Chuang´Tsé:

“Cuando se olvida el pie es porque el calzado está bien ajustado. Cuando se olvida la cintura, es que el cinto la está bien ajustado. Cuando el entendimiento ha olvidado
el es y el no es, es que el espíritu está bien ajustado.
 Cuando nada altera el interior del hombre y su exterior no se va tras las cosas, es que las cosas proceden ajustadamente. Cuando se comienza bien, es cuando se olvida el bien de lo que está bien”.
Esto es estar más allá de las cosas, del Ying-Yan del mundo fenoménico. No es otra cosa que haber logrado un espacio. Y porque no un tiempo propio; transcender  eso que bien describía Plotino:

“El universo sensible no es una verdadera sustancia, sino sólo una imagen de la sustancia verdadera; una sombra,  y sobre está sombra imágenes, puras apariencias”. (Enneada VI)
“Todo ser corporal es un acontecer y no una sustancia. Nace y perece, no existe en verdad”. (Enneada IV)
“Los seres no tienen realidad propia, nacen y mueren. La realidad que tienen no es más que un préstamo que se les ha hecho”. (Enneada I).
Esta descripción gnóstica de la ilusión de lo real adonde está incluido el hombre claro está. Demás está decir que es lo que se tiene que transcender, objetivo estratégico del taoísmo esotérico.
Para Chunag-Tsé la verdad se encuentra en el Tao; fuera de las cosas. Dice al respecto:

“El punto en que esto y aquello no tienen su pareja, es el quicio del Tao. El quicio está originariamente en el centro del círculo y desde aquel centro puede corresponder a todo. El es, en aquella unidad es inagotable. El no es, en aquella unidad es inagotable.
Por eso se dice que no hay como haberlo entendido bien”.
“Todos conocen la belleza y por ella la fealdad. Conocen la bondad y por ella la maldad. El ser y el no ser mutuamente se engendran. Fácil y difícil mutuamente se hacen. Largo y corto mutuamente se marcan. Alto y bajo mutuamente se desnivelan. El sonido y la voz mutuamente se armonizan. Delante y atrás se suceden”.
“Si se las ve desde el punto de vista del Tao, en las cosas no existen las diferencias de preciosas y viles. Desde el punto de vista de las cosas mismas, cada cosa se tiene a sí por preciosa y a las de más por viles. Mirándolas desde el punto de vista del sentir mundano, lo precioso y lo vil no están en las cosas mismas. Mirándolas según las diferencias en ellas existentes, si se las considera grandes por la grandeza propia de ellas, no hay ninguna de las restantes que no sea grande. Si se las considera pequeña por su pequeñez, no hay ninguna de las restantes que no sea pequeña. De esto se deduce que el universo no es mayor que un grano de arroz y que la punta de un pelo es grande como una montaña. Esto mirándola según sus diferencias. Mirándola según su valor o eficacia, si se aprecia en ellas el que lo tienen, no hay en las diez mil cosas que no tenga su propio valor. Pero si considera en ella lo que no poseen o les falta, no hay entre las diez mil cosas una a la que no falte algo”.
En este capítulo y otros Chuang-Tsé hace una descripción de la percepción subjetiva de los opuestos que conforman el mundo fenoménico; o como enseña la Sabiduría Hiperbórea. La valoración ilusoria que obtiene el observador de los mismos, a causa de la puesta de sentido y la posterior comparación de la razón, con el agravante que la comparación del arquetipo invertido (ente externo) es con el arquetipo universal del ente en la estructura arquetípica. De esta comparación es eliminado el arquetipo universal quedando solo el particular  o designio.
Este es sintéticamente el fundamento para comprender lo que la Sabiduría Hiperbórea llama “ilusión de lo real”; cosa que los taoístas  esotéricos sabían muy bien y enseñaban de boca a oído.
Concluye Chuang-Tsé:

“Al entablar contacto con las cosas, el espíritu se traba con ellas originándose en él la lucha diaria. Son pequeñas inquietudes  que le acucian, o grandes temores que le paralizan totalmente. Brotan de pronto como disparadas por resorte de ballesta. El mecanismo que las dispara es la distinción del es y el no es. La alegría y la ira, la tristeza y el gozo, las preocupaciones y los lamentos se van alternando o se estancan haciéndose crónicos. Van brotando con liviana lujuria y profusa prodigalidad como sonido que nacen en el vacío y hongos que cría la humanidad”.
¿Cabe alguna duda que esta es la enseñanza de la Sabiduría Hiperbórea?
Son los arquetipos que desde la esfera de sombra (en el vacío) emergen (brotan dice Chuang-Tsé) en la esfera de luz ante el Yo, como temores, deseos sentimientos, preocupaciones etc. Muchos pierden energía y retornan a la esfera de sombra, otros se estabilizan (se hacen crónicos).
La energía con la cual emergen está dada por la fuerza de la ballesta.
Mucho se ha hablado y se hablará de la calma con la cual vive el Taoísta; calma esta que es producto de un principio, de una disciplina interior que ellos llaman Wu-wei. Wu= hacer y wei= nada. La traducción correcta sería: No hacer. Este término es el cimiento, el fundamento donde descansa la gnosis espiritual del taoísmo, puesto que el “No hacer” alude al “pathos”, a la función de la mente, o si se quiere, a la estructura arquetípica, o para parafrasear a la Sabiduría Hiperbórea: “No poner sentido a los entes”.
Los sacralizantes occidentales definen el Wu-wei taoísta como “apatía”, que es un modo académico de decir falta de voluntad. Nada más lejos de la verdad. Si el taoísta es apático; lo es en el sentido de Apatheia, palabra que proviene del griego que etimológicamente quiere decir indiferencia, y no falta de voluntad como quieren hacernos creer. De modo que Wu-wei-hacer-nada-indiferencia-no-poner-sentido-a-los entes, está definiendo una actitud interior que tiene que tener el Yo, reflejo del espíritu; o el Tao que se manifiesta como voluntad-vril, en contra de las emergencias apuntadas en el último capítulo.
La calma interior es definida por Chuang-Tsé en las siguientes reflexiones:

“Aún cuando el rayo hienda las montañas y el huracán sacuda el océano no se asombra. La mudanza de la vida y la muerte no le altera. Cuando todos se afanan, el sabio permanece en quietud.
Junta todos los tiempos en la pureza de la unidad”.
Nada altera al Yo cuando a ganado un lugar propio. O como dice el taoísta: la quietud del estado de Wu-wei.

“La gente no va a mirarse en el agua corriente, sino en el agua quieta. Solo la quietud puede aquietar a todos en la quietud”.
Aquí  se puede aplicar el mito de Narciso; aclarando claro está, que el lago en el cual se miraba era su subconsciente.

“Ni la pena ni la alegría pueden entrar en mi. Es lo que los antiguos llaman haber desatado el nudo. Cuando uno no puede desatarse es que las cosas externas le tienen atado”.
Nada puede entrar a un lugar ganado por el Yo.
Lo que ata en la superestructura (cosas externas) son los símbolos sagrados.

“No te conviertas en percha de la fama. No te hagas archivo de proyectos. Procura compenetrarte con el infinito y andar sin dejar huellas. No te ocupes más que de hacer en ti el vacío. El espíritu del hombre sabio es como un espejo; a nadie despide, a nadie acoge; refleja, pero nada guarda. Así triunfa de las cosas sin recibir daño de ellas”.
El consejo es claro. No buscar reconocimiento. No dar consejos. Tener la mirada más allá del mundo de los fenómenos. No construir cultura. Poner cada vez menos sentido al mundo.
Y continúa:
“Quien ha entendido el Tao, dejará las cosa obrar por sí mismas callada y ocultamente, de modo que no se altere en nada su calma. El sabio vive en quietud, no porque haya oído ser buena la quietud, sino porque todos los seres no son bastantes para turbar su espíritu. Cuando el agua esta quieta, es diáfana y en ella se reflejan los pelos de la barba y las pestañas de los ojos. Pues si el agua es diáfana, cuanto más lo será el espíritu”.
“Si obra, y se quiere que la obra sea correcta, se debe dejar llevar como a su pesar. Este dejarse llevar a su pesar es doctrina de los sabios”.
“Debe ser en el movimiento agua, en la quietud espejo y en la repuesta eco”.
Quien ha comprendido la sabiduría no le pone sentido a los entes, y no crea cultura. Nada de la superestructura turba su quietud. Aquí alude a la limpieza espiritual del sabio. “Dejarse llevar como a su pesar”, es hacer creer que es llevado; es hacer de modo estratégico. El agua no opone resistencia; en el espejo solo se ve el que se mira; el eco es lo que el otro quiere escuchar.
Al hablar de la “felicidad”(12) Chuang´Tsé enseñaba:

“Hay que hacer como el progenitor de los diez mil seres que hace las cosas si hacerse cosa con las cosas. De esta manera ¿que dificultad puede haber? Esta fue la norma de vida de Huang-Di (13). Pero no son éstas las realidades que vemos en los diez mil seres, ni tampoco es está la doctrina que se enseña entre los hombres. Al contrario, lo que está unido se desune. Lo que está hecho se deshace. Lo anguloso se lima. Lo digno y estimulante se discute o critica.
Si algo se realiza o se logra, no será con su correspondiente pérdida. Si alguno muestra talento, le acechará la insidia. Si se le haya defectuoso se le escarnece ¿Cómo lograr estabilidad y alegría alguna? ¡Cosa triste!  ¡Discípulos míos; tomad esta resolución! ¡Haced del Tao y del Te vuestra patria!”.
El progenitor es aquí es el demiurgo El Uno, que con voluntad sostiene la creación sin hacerse cosa con las cosas, que era la norma de los antiguos sabios. En esa época Chuang-Tsé era testigo de la decadencia del hombre a causa de la falta de la enseñanza del Tao, razón por la cual aconsejaba el maestro refugiarse en la patria del Tao (Origen) y el Te (vril).
Continúa:

“Los peces andan en el agua, los hombres en el Tao. A los peces que viven en el agua, les basta cavarles un pozo y allí tienen asegurado su sustento. Del mismo modo, a quien vive en el Tao le basta no hacer nada para estabilizar su vida”.
Los taoístas gustan valerse del agua para demostrar de qué modo debe moverse el espíritu en el mundo fenoménico. Esta carece de color, de sabor y de olor, con la capacidad de adaptarse a cualquier terreno sin ofrecer resistencia alguna, con la certeza de vencer con el tiempo cualquier escollo. El no hacer nada, como quedo expuesto más arriba; es no poner sentido a los entes.
Más adelante:
“Yo andaré con quien pueda remontarse hasta el cielo y vagar entre las nieblas, circular allí indefinidamente, olvidarse de la vida y también de la muerte”.
Este es el único modo de andar solo o con los iguales “entre las nieblas” (mundos desconocido), o por donde más le plazca más allá de la vida y de la muerte.
Prosigue Chuang-Tsé:

“El hombre que ha entendido esto: Que las cosas no son otra cosa que colorido y aspecto exterior y que su creación está en lo no sensible y su reposo en lo inmutable, éste guardará su puesto y no se extralimitara. Se paseara allí donde los diez mil seres tienen su término y su comienzo. Unificada su naturaleza nutrirá su espíritu y se mantendrá unido a la virtud en comunión con el Tao”.
Alude al hombre que ha comprendido que todo es una ilusión y que esta es sostenida por lo inmutable (El Uno). Aquel que haya llegado a esta comprensión no se extralimitara y podrá pasearse donde las diez mil cosas “tienen su término y su fin” (en el momento de la tragedia del hombre), y con voluntad graciosa nutrirá el espíritu y se mantendrá unido al Tao (Origen).

“Solo el sabio es capaz de de pasearse por el cielo y por la tierra sin desdeñar altanero al resto de los diez mil seres. En las alturas se pasea por la casa del creador de las cosas, y aquí abajo gusta de hacerse amigo de los que se desentienden de las diferencias de vida y muerte, de principio y fin”.
“Lograr esto es lo más hermoso y deleitoso. Quien haya alcanzado esa hermosura y se haya paseado por ese gozo sumo, es hombre cumbre”.
Pasearse por cualquier lugar del macrocosmos,
Respetando a todos a toda la humanidad. Puede “ir” al Origen y al “venir” gusta hacerse amigo de sus iguales, los que no hacen diferencia ente la vida y la muerte; los que están más allá de la dualidad Yin-Yang.
Quien haya logrado esto es hombre cumbre (Un Siddha).
Concluye el maestro:

“El hombre cumbre pude estar todo el día sin pestañar. No se distrae con las cosas. Camina sin saber dónde se dirige. Se detiene sin saber que va hacer. Su vivir es deslizarse con las cosas y mecerse al ritmo del oleaje”.
En otros escritos he definido que es para mí meditar. Definición esta que se ajusta (es mi criterio) a lo que quiere trasmitir Chuang-Tsé. Dice así:
“Deja que el Yo vuele adonde quiera. El no es lógico ni racional; él es atemporal, se detendrá donde le satisfaga. Es un niño, no tiene ley ni moral”.

“Habiéndose elevado sobre el mundo entero y si se viera apretado por el mundo, no soportará ni el mismo cielo sobre si. Su espíritu remontará sobre la esfera celeste del cosmos y se situará en el origen”.
El guía evaluará la situación en la cual vive y se manifiesta; si las conclusiones les son adversas regresara al Origen.

No quiero cansar al lector con más interpretaciones, que en cierto modo son redundantes. Mi criterio es que todas las obras del taoísmo esotérico que se lean “entre líneas”,  o como enseña la Sabiduría Hiperbórea; desde el presente comprensivo, que llevará al lector a la conclusión que sin lugar a dudas existe un nexo entre el taoísmo y la gnosis Hiperbórea; nexo este que se fundamenta en los objetivos de dichas enseñanzas.

    

   



(1)Empleo la palabra filósofo para referirme al “maestro” taoísta y hacerla más comprensible al lector no familiarizado con el “pensamiento chino. Lo más apropiado sería llamarlos guías, puesto que para el taoísta la palabra maestro (enseñanza) y filosofía (amor a la sabiduría), semánticamente son cosas distintas a como la entiende el occidental.

(2)Existe en la escritura china un ideograma cuya traducción a la lengua española es “Te”. Esta palabra se traduce como Virtud, teniendo cierta sinonimia semántica (noologicamente hablando por supuesto) con lo que la Sabiduría Hiperbórea entiende por Vril (Potencia espiritual) cuya manifestación es el honor.

(3)Las intervenciones más significativas fueron en el siglo XIX, por ejemplo en la rebelión de Taiping, apoyando las dos fuerzas sinárquicas en pugna, y en las dos guerras del opio, y en la rebelión de los bóxer. Las últimas tres fueron contra el colonialismo ingles.

(4)Los pueblos que emplearon estratégicamente la Sabiduría Hiperbórea fueron aquellos que comprendieron en su totalidad sus postulados; por ejemplo los Kassitas, antiguo pueblo de la región del Cáucaso, los medievales Cataros, el pueblo mongol de Gangis Kan; y más acá en el siglo XX el heroico pueblo Germano- alemán para nombrar históricamente los más conocidos. Los pueblos que emplearon tácticamente la sabiduría fueron los Tartessos, Acadios, Babilonios, Sumerios, Persas, Aqueos, Dorios, Jonios, y en el reinado de Roma y parte del Imperio. En estos pueblos y otros, la Sabiduría Hiperbórea se manifestaba en el contexto de las religiones politeístas, las cuales poseían una enseñanza esotérica e iniciática conocida como  misterio de Pirena en lo que concierne a los Tarssesos, los misterios de Eléusis, Dionisos y de Apolo en la región de Grecia, los misterios de Aura Mazda (mazdeísmo) en el Imperio Persa entre otros, siendo los misterios de Pirena y Eléusis los más importantes y por esto mismo los más desconocidos. Basta decir que Platón fue iniciado en los misterios de Eléusis; también lo fue Plotino creador del neoplatonismo, su discípulo Jámblico, y Máximo de Éfeso entre otros. Todos ellos perseguidos por la iglesia judeocristiana; es decir, por aquellos que se oponían y se oponen a que el espíritu se libere de las cadenas de la materia.

(5)Estas traducciones forzadas “Ad libitum”, quedan refutadas en el capítulo 42 del Tao-Te-King donde se lee: “El Tao (El origen) engendra el uno (El Uno), el uno engendra el dos, el dos engendra el tres, y el tres los diez mil seres (toda las cosas). También en el capítulo 25 e lee: “El hombre tiene por norma al cielo y a la tierra (Yin-Yang) el cielo y la tierra al Tao (El origen), y el Tao es su propia Ley”.
 
(6) Este párrafo de plotino está inspirado en la alegoría “La caverna” de Platón expuesta en “La república” Libro VII, en la cual describe el extravío de del hombre (Virya perdido), la cual recomiendo leer; que por razones de espacio no transcribo aquí.

(7) La palabra nada, empleada en el contexto de un lenguaje, es la deformación de un concepto trascendente que define “algo” anterior a la creación; es a lo que recurre el Yo para definir algo que intuye, algo que no le es ajeno, que no puede definir.
Nada, es una palabra que define algo, que al mismo tiempo Es y no Es. El taoísta diría: “El Tao es la nada que existe” (La no nada). Si se está situado en algunos de los innumerables puntos que tiene como sustentación esto a lo cual llamamos realidad, el Yo tomara la nada como “algo”; pero contextuado por la razón lo empleará para designar carencia de algo; de lo que no es. Por el contrario, si se está situado donde no hay punto de sustentación alguno (fuera de la conciencia), la nada es algo que se puede asir y comprender.
La nada Es y no Es, dependiendo desde donde “mire” el Yo; si es desde la conciencia, o desde fuera de ella.

(8) Profundizaremos la nota al pie número (5). Pitágoras enseñaba algo semejante al capítulo 42 del Tao-Te-King; pero donde más se evidencia la semejanza es en la cábala numeral hebrea. En el árbol sefirótico de dicha, que no es otra cosa que la creación del universo  por El Uno se detalla que: De la sefira 1 Kéter (El Uno). Sale el 2 Chokmah (Sabiduría). Del 2 sale el 3 Binah (conocimiento). Estas tres sefiras que son una hipóstasis de El Uno componen el triángulo superior del árbol de la vida siendo las restantes siete el mundo fenoménico o la creación. Adonde entran a tambalear los taoístas sacralizentes, que relacionan esta trinidad de profundo significado metafísico con el Tao, es cuando se lee en los escritos taoístas esotéricos “El Tao engendra al Uno (Kéter)…”etc. Por poco que se medite se llegará a la conclusión: Si El Uno es un Dios eterno. Ergo; el Tao no puede ser otra cosa que el origen espiritual, que ha decir de la Sabiduría Hiperbórea nunca abandonamos.
El capítulo 42 del Tao-Te-King es el único texto taoísta de los que yo he leído, que alude a la creación del universo valiéndose de un orden numeral.

(9) En él entre paréntesis “y no solo ellos”  aludía a al Dr. Suzuki un japonés con alma occidental (esto es; traidor al espíritu), que se dice especialista en budismo (mahayana por su puesto); opinó cierta vez de Chuang-Tsé:
“Es el mayor filósofo, poeta, literato y ensayista de toda la historia de la escuela taoísta y aún más, tal vez de todos los campos de la literatura China”.
Este lenguaje es propio de un profesor de la Sorbona. Chuang-Tsé no era ni filósofo, tampoco poeta, mucho menos ensayista y  con muchas reservas literato; tampoco tiene certeza que haya influenciado en toda la literatura China. Chuang-Tsú se moriría de la risa al escucharlo al japonés ¡Perdón! Al occidental Suzuki.

(10) Los manchúes no pertenecen a la raza China; eran guerreros tunguses siberianos que invadieron China por Manchuria. De ahí manchúes. Fueron asimilados después  que cayó la dinastía Qing por ellos fundada (1644-1912), análoga a lo que ocurrió con la dinastía Yuan de los mongoles. La verdad es que a la raza China la compone la etnia Han, que de los 1.350.000.000. de habitantes; el 93% pertenecen a esta etnia.

(11) Unas de las dificultades del occidental para moverse de este modo, se debe a lo que entiende por orgullo. Esta cualidad eminentemente espiritual en el Virya sin orientación estratégica, es actuada anímicamente, objetivo este buscado por la cultura; o dicho de otro modo actuado por un símbolo sagrado, previa fagositación y tención dramática, a excepción del orgullo racial que es producido carismáticamente entre un pueblo y su líder. El III Reich por ejemplo.
El orgullo para el taoísta esotérico es una actitud interior encuadrada dentro de la alquimia que está relacionada con el concepto de mujer; pero esta es otra historia.

(12) Escribo entre comilla la palabra felicidad, por ser esta la menos adecuada para definir el estado espiritual de aquel que ha logrado el Tao.
El objetivo de la ascesis taoísta es la alegría del espíritu; alegría esta que se encuentra al otro lado de las cosas; cuando se a logra prescindir de las cosas, cuando no se es una cosa. Con certeza agnóstica se podría afirmar que si la alegría se encuentra “al otro lado de las cosas” (El mundo fenoménico); la alegría pertenece a la eternidad.
La felicidad en cambio es puramente anímica, aní-mal, y por ende perecedera, por estar esta en las cosas, pertenecer a las cosas; o como dice Chuang-Tsé “hacerse cosa con las cosas”. Aquí también se podría decir con certeza que si la felicidad es poseer cosas, que se encuentra en las cosas; y que las cosas fueron creadas, la felicidad no se encuentra en el que la experimenta y siente, sino en el que las creo las cosas; y el que las creo y sostiene es el demiurgo El Uno.

(13) Huang-Di al cual alude Chuang´Tsé, no es otro que el legendario “Emperador amarillo” de la mitología China, ancestro y padre de la etnia Han que vivió hace 4700 años. Se le atribuye  la creación de las matemáticas, el cultivo de gusanos que dieron nacimiento a la seda, la invención de la brújula, la construcción de barcos y la medicina cuyos trabajos se los conoce como “El canon del emperador amarillo”.
 Con Chuang-Di ocurre algo misterioso (no para mí). Estudiosos chinos llegaron a la conclusión, que este legendario personaje no era otro que el Dios del trueno del pueblo indogermano de los Kushan (pueblo hermanado con los Kassitas de Nimrod), que también se los conoce por la lengua que hablaban que era el tocario. Este pueblo con su lengua ya desaparecido, es lo que hoy conocemos como etnia y lengua Uigur que componen la provincia autónoma de Xinjiang de la República Popular China.
La conclusión de todo esto, por otro lado obvia, es que: Chuang-Di, el Dios del trueno Kushan y el Wotan germano son el mismo Dios. A la misma conclusión llegaron los estudiosos Chino, con la diferencia que ellos incluyen al Dios Apolo, cosa con la cual no acuerdo por ser este Dio para mí, Lucifer y el Dios Ares (Marte) el Wotan Griego.
Si  Chuang-Di y el Dios Wotan son el mismo Dios ¿Cave alguna duda que Chuang-Di le legó a la raza China (Los Han) una sabiduría que diera repuestas a la tragedia del encadenamiento espiritual? Yo no tengo la menor duda que fue así. Es más; fue el fundador de la “escuela” Dao donde se enseñaba la sabiduría aludida, que al ser infiltrada “mágicamente” por las fuerzas del mal devino en Tao, cuyo máximo exponente histórico fue sin lugar a dudas Lao-tsé.
Demás está decir que los escritos originales de la enseñanza de Chuang-Di eran en caracteres rúnicos, razón por la cual también le atribuyen la creación de la escritura; la conocida en la actualidad clero esta, que como demostré en otros escritos es de origen rúnico.
La dificultad de comprender en su real dimensión y profundidad metafísica estos acontecimientos, se debe a la terrible deformación y tergiversación  que ha sufrido la historia y la mitología China; superior a la que realizaron con la India. Pero esa es otra historia.

















Sobre la enfermedad.
La enfermedad puede considerarse como un defecto o una sobreabundancia propio de los cuerpos materiales que no mantienen la ordenación y la medida; del mismo modo que la pobreza es una falta y una privación de todo aquello de lo que tenemos necesidad a causa de esa sujeción a la materia, cuya naturaleza es la propia indigencia.